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Cosmópolis – No Rubish

Cosmópolis


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Cosmópolis 22 de abril 2062

El día más triste para muchos de nuestra generación fue el día que se formó el gobierno mundial. Fue el último día que entonamos los himnos de nuestros países. Himnos hermosos como la Marsellesa o la emotiva letra del himno americano o el Hatikva -La Esperanza- de Israel. Fue el día en que enterramos todas nuestras banderas de forma simbólica. Nuestro país murió como cuando muere un ser querido que tuvo una larga vida y dejó un gran legado.

Mis momentos más felices fueron compartiendo en familia y amigos, las olimpiadas y el mundial de fútbol con la esperanza que nuestro país triunfara.

Y viendo el Super tazón, un espectáculo en el que competían los atletas más fuertes y rápidos de Estados Unidos y antes de iniciar la competencia entonaba el himno nacional, la cantante más famosa del momento con un timbre de voz que te hacía vibrar, mientras aparecían en la pantalla gigante del estadio los valientes soldados que defendían la democracia en Medio Oriente y casi al finalizar el himno, 5 emblemáticos jets sobrevolaban el estadio para demostrar cuál era el país más poderoso del mundo.

Por otro lado, nuestro amor por el país, un concepto tan abstracto, nos hizo defenderlo hasta la muerte. Los arios teníamos la consigna de mejorar el mundo, imponer la disciplina y la cultura alemana y eliminar a las razas inferiores que no se podían integrar a ella.

Unos peleamos por reunificar a la gran Rusia y otros preferimos morir antes de dejar de ser ucranianos, y otros matamos porque nos arrebataron un país que nunca existió.

En la guerra, hasta los más rectos asesinaron al ver los excesos que sus enemigos cometían. Matamos en nombre de la seguridad del país, de la libertad del país, o por cualquier pretexto.

Los gobiernos de los países le quedaron chicos a los carteles que operaban en forma global. Las compañías aprovechaban que no había coordinación entre países para evadir impuestos y obligaciones y por otro lado los gobiernos boicoteaban o ponían trabas a la importación de un país para no perder poder político y esto afectaba a los ciudadanos y no a los políticos.

Nuestros reumáticos países ya no respondían a una sociedad conectada globalmente, así que, con dolor de nuestro corazón, dejamos ir a nuestros queridos países para pasar a ser ciudadanos del mundo y cuidar de nuestra familia, de nuestro clan y de nuestra ciudad.

25 años después nadie extraña a los países. Mis nietos no saben que es un pasaporte, una frontera, una aduana o una devaluación.

El gobierno mundial es eficiente, se maneja como una empresa privada y los ciudadanos somos los accionistas. Muchos piensan que nos gobierna el Big Brother porque estamos más vigilados, pero mientras no cometas un fraude o crimen puedes dormir tranquilo. Al gobierno no le interesa la vida o las preferencias sexuales de nadie.

Hoy que se celebra el día del mundo, yo lo hago viendo videos de Lady Gaga y otras extraordinarias voces entonando el himno en el Super Tazón.

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